Cultura

Hombre Onironauta

Hombre Onironauta
Escrito por Todo Ocio

Hombre Onironauta

 

 

Relato corto por Elias Gomez Perez

 

Pasa que el hastío se concreta en goterones de gelatina para el pelo y colillas de cigarro. Ocurren las noches sin luna, las noches sucediéndose una tras otra bajo una luz mercurial que sólo enfría el ánimo porque nada interrumpe el que los perros crucen avenidas sólo para ser atropellados, el que los paseantes mismos sean atropellados cuando no se atropellan unos a otros.

 

Luego con las ganas en la nevera, miro pasar. Sólo miro pasar la vida delante de mis ojos, una vida que yo no he elegido tal vez porque no elegir sea el modo de manifestarme en desacuerdo con las convenciones, contra el consenso, disiento en favor de la invención y sólo invento la soledad.

 

Cansado del aburrimiento en que me he suspendido, el smog cual áspic de inopia, pasa que me estoy cansando, que estoy cansado de mi propio aburrimiento, las ratas que roen las entrañas de la ciudad se muestran más divertidas al chiflar a los peatones que peatones y automovilistas todos, la ciudad entera disfrazada de civil cuando resulta pálida sombra de aquellos civiles a quienes adora. Émula de su arquitectura, de las amplias coberturas, de atavíos y afeites y pomos, de la forma y no del fondo. Del mar y no de sus peces, del cielo y no de las almas que contiene.

 

-Has visto la luna roja de ayer

– Aunque no vi la luna roja, sí pude apreciar el rojo de su hermoso cabello.

 

jugando al ajedrez en una plaza, contra un anciano, y en el noveno movimiento, mientras espero mi turno, duermo unos 27 segundos, suficiente para que se me arme su imagen en mi cabeza, en el cuerpo de un libro, que tiene dentadura blanca y tatuajes en el lomo, y entonces, presencio un suicidio masivo de polillas contra un vidrio, y encuentro las crías de una paloma que están comiendo tomates cherry, en el bolsillo interno de mi chaqueta azul, sin embargo, yo, nunca olvido que hablamos de ella, descubro la mancha de humedad de la pared de la casa de mi tío, que se convierte en una canción diaria que aparece y desaparece. Se me resbala la cabeza de la mano, acuesto mi rey, saludo con un toque en mi gorro, y me deslizo en la silla, como un demente, emitiendo canciones viejas, y si, juego todo ¿o sigue sin interesarme el dinero?

 

¡ Tú eres la “culpable” de mi derrota!

Tú eres mi recuerdo. “Encontrarse es el comienzo de la separación.”

 

 

Salir del teatro y los acompañantes mantienen una conversación muy interesante acerca del servicio doméstico: si limpian bien, si le roban, si se rompió el jarrón, si se comió 6 bananas y es un presupuesto, que si ya no vienen como antes, que si son con cama adentro o cama afuera, o si usted le puso la cama afuera en el patio, y cosas así. Tres horas después, digo que  estoy agotado y digo que me voy, que no puedo más, que estoy muerto, que todo me cuesta el doble, y así, hasta que me viene a buscar el taxi. Con el taxista hablo de política, que si fulanito es cabezón, o menganito es manco, que la inseguridad, que la economía está más flaca o no, que mucha cara esto o lo otro. Entre yo y el taxista hablando de política, aunque mucho, mucho no nos interesa.

 

Ya caigo rendido, con todo el torso sobre el asiento del copiloto. Desparramo mis brazos muertos sobre la guía Michelin y unos papeles que lleva el hombre. Se me arma la mano agachándome para apagar la estufa eléctrica y el momento en que me enojo por algún motivo misterioso, y me sacude una terrible patada y se me cae un vaso con agua helada sobre la estufa, se rompe en muchos pedazos, se apaga la estufa, y se corta la luz. ¿Puedo parar de decir la palabra estufa? Es que no quiero decir su nombre y se apodera de mi mente, ¿como tres letras que conforman un nombre pueden ocupar tanto espacio?. No se escucha nada, y estoy desnudo y con sed. Me pica una avispa y parece que son las tres de la mañana, Enciendo la luz y la aplasto con un libro de Don Juan. Entonces me precipito en caída libre, mientras acaricio los colmillos a un jabalí que está muy asustado. En el cielo veo que hay nubes altas y bajas y que el sol sale a ratos. Veo a un señor que vomita ante la verdad de su realidad. Creo que el bebé  que nunca tuve dejó de llorar. Miro aterrado que se incorpora y  habla, a gente despierta, con la voz de un viejo cantante folcklorico: ¡ Nunca más me dejen aquí¡ Hace frío y tengo cosas que hacer, imbéciles!! La música que suena me produce un poco de miedo, pero no la saca. No puedo permitir el avance del miedo. Si acepto que la música que estoy escuchando me aterra, puedo caer presa de un terror incontrolable con consecuencias nefastas. Huyo de una boda inadecuada pero me olvido mi chaqueta, y los pies no me responden. Llego al final del camino y me encuentro con un perro al que no entiendo.

 

Un perro enorme, tipo Mastin, pero mucho más alto, muy huesudo, y un poco subnormal. Apago la música. El perro se acerca moviendo la cola. Baja del coche, y escucha los lamentos de los gatos, refugiados en el techo.

 

Enciendo las luces, abro las ventanas y busco algo para que coma esta bestia.

En pocos segundos, liquida todo mi stock de sobras, incluyendo, fideos con moho, y medio pan petrificado que sobró de la última cena.

 

El monstruo lo adora. Choca su esqueleto contra el suyo, corre pájaros y se acerca para que lo felicite. Ladra si alguien se le acerca. Duerme en la puerta, sobre el suelo. Es un perro fakir, y tiene problemas mentales. Los gatos no lo soportan. Monstruo le ladra a cosas invisibles, come moscas vivas, y nunca deja de tener hambre. Lee: el monstruo bueno es un billete.

 

Alguien corre con sus trenzas naranjas, ojos verdes y sus cancanes de lana. Tiene una cara que dice todo, cosas de otra persona. Para probar, espera hasta último momento que el barco se hunda y escapa nadando. Yo me quedo a la deriva.

 

Recibo un Balde de agua helada en la cara. Pregúntele al gracioso que pasa, reprima su erección con actitud policial, cómo si no fuera suya, agarro las muletas para  correr mejor hacia la casa de quiromancia de Bocho y Nela, quiero que me saquen sus ojos verdes de mi cabeza, su melena rojo fuego de mi frente, hago que Juego y me quema. Las cartas de Nela dicen que todo es un sueño pero no tengo nada.

 

Densa la ternura se enreda, río tenso siendo formas en tu cuerpo. Me despierto y aún esta sonando en el equipo de música, la ultima aria.

 

Arrinconado en mis plegarias buenas

e inútiles, soberbio en mis acciones

que a nadie arriman ley o quitan penas,

 

aislado espectador de mis histriones,

histrión yo mismo como un árbol seco

que cabeceara para sus gorriones,

 

guardia solemne de un instante hueco,

cómo saber, cómo saber, dios mío,

cuándo invento virtud y cuándo peco,

 

cuándo confundo el cielo con el río,

cómo saber si el río es poco llanto,

cómo saber, cómo saber, dios mío,

 

si eso que llamo Dios es otro espanto

Sobre el autor

Todo Ocio

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