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Cantabria mil razones para quererla

Cantabria mil razones para quererla
Escrito por Todo Ocio

Cantabria mil razones para quererla

 

Si te quedaba alguna duda, ahora lo tendrás claro. La costa oriental de Cantabria es el lugar que estabas buscando para pasar un verano  en calma y divertido. Buenas playas, paisajes increíbles y exquisita cocina.

Seguro que te suenan los nombres de Santillana del Mar, Comillas y, por supuesto, los Picos de Europa. Pues ahora queremos llevarte por otra zona de Cantabria menos conocida y con una belleza deslumbrante. En la costa oriental, desde Castro Urdiales a Santander, te esperan acantilados impresionantes, valles con encinas que se meten casi en el agua, cuevas, playas salvajes, fiestas marineras, anchoas y bonito, y mucha cultura. Es el destino perfecto para los que no quieran parar. Pero sobre todo para quienes sueñen con un verano en calma y sólo busquen hartarse de admirar las mareas vivas que juegan con el paisaje, de la intensidad del verde, del aire limpio y de la auténtica tranquilidad.

 

 

Moverse por Cantabria

Moverse es fácil por la nueva autovía del Cantábrico, pero te aconsejamos que tomes las carreteras secundarias y hables con los paisanos. Cuando  escuchan que lo que tienen alrededor es el paisaje más hermoso que jamás han visto, preguntan admirados: “¿De verdad?” Pues sí. Ven a verlo.

 

 

De Castro a Laredo sigue por la costa

La ruta por el oriente cántabro empieza por Castro Urdiales. Es una de las poblaciones más bellas y turísticas de este litoral. Aquí hay ambiente durante todo el año, y no sólo en verano. Y es que ha desplegado todos sus encantos y son muchos los bilbaínos que eligen Castro Urdiales para instalar su segunda residencia.

 

 

El precio del m2 se ha disparado y los fines de semana se pone de bote en bote. De su cercanía al País Vasco han sabido copiar una de sus mejores costumbres: los pintxos y los zuritos (cortos de cerveza). Es un auténtico placer echar un vistazo a las barras de algunos de los bares. En El Marinero hay que pedir las albóndigas de bonito, salpicón de rape; en Alfredo prueba sus mejillones y las famosas rabas, y dentro de la correría (arcos), donde están las viejas tabernas marineras, La Cierbanata ofrece un tapeo fabuloso, como los pimientos del piquillo rellenos de bacalao.

 

 

En la calle de atrás de la correría están los locales de copas: la Dolce Vita, Fran, Pilín… Y en cuanto llega el buen tiempo, el olor a sardinas asadas se apodera del puerto. Cada verano se monta la carpa Perla, con una enorme brasa donde preparan pescados fresquísimos. Para seguir disfrutando de la buena gastronomía, hay una fiesta que no hay que perderse: el concurso de marmitas. Cada 15 de agosto compiten los vecinos más expertos en preparar este guiso de bonito con patatas. Cada participante monta su cocina alrededor del puerto para preparar la marmita y los visitantes pueden probar el plato una vez se haya fallado el premio.

 

 

Un paseo por Castro

La Oficina de Turismo (en el puerto pesquero. Tlfno.-  942 87 15 12) organiza en verano visitas guiadas por el casco viejo. Empieza por la impresionante iglesia gótica de Santa María (siglo XIII), que tiene aspecto de catedral, y es el principal monumento de Castro, así como el edificio gótico más destacado de Cantabria. En el extremo de la colina se levanta el castillo medieval (ahora en reconstrucción) con cubos circulares en sus esquinas. Desde el castillo se baja al puerto cruzando el puente viejo, popularmente llamado romano, pero realmente medieval. Luego hay que pasear por el rompeolas que protege el puerto de Castro y llegar hasta su extremo. De regreso, bordeando la dársena del puerto, se llega a la plaza del Ayuntamiento, con la casa consistorial (del siglo XVIII) con soportales de ambiente marinero. Otra forma de conocer Castro es desde el mar. La empresa marítima Santa Clara (Tlfno.-  942 60 47 03) organiza en verano travesías de una hora en barco que salen del puerto de Castro a Mioño y llegan a la playa de Ostende. Duran 50 minutos, salen cada hora y cuestan 11 €.

 

 

 

Playas con Dunas, Buitres…

 

Desde Laredo y Santoña también hacen excursiones. Una de las más solicitadas es la que se acompaña con aperitivo de anchoas, bonito y sardinas. Duran dos horas, recorre la bahía de Oriñón y la ría del Asón y cuestan 12 €.

 

 

Buitres y Ballenas

Dentro de Castro hay dos playas. La de Brazomar es la más concurrida y cuenta con un original solarium. Aquí hay buenos hoteles, como Las Rocas (Tlfno.-  942 86 04 00. Desde 164 e la habitación doble, con media pensión), moderno y cómodo. En la zona de poniente está la playa de Ostende, que en cuanto sube la marea se queda sin arena. Y en mitad del barrio marinero hay un lugar mágico. Es El Pedregal, una cueva por donde se cuela el agua del mar y forma una piscina natural increíble. Coge ahora el coche para recorrer el litoral. La desembocadura del río Agüera forma una preciosa ría y la playa de Oriñón es enorme. El pueblo no tiene ningún atractivo y parece increíble que no se inunde cada vez que sube la marea. Antes está Islares, y con marea baja se llega andando. Hasta aquí se viene a mirar el mar mientras se degusta alguna de las especialidades gastronómicas en los bares de la zona, como el Erillo (Tlfno.- 942 86 20 91); con fama sus paellas, la dorada y el chuletón a la brasa. Y desde aquí se divisa el perfil de la Ballena, o punta de Sonabia, tranquila y hermosa, flotando en el agua. El monte Candina, en el valle de Liendo, guarda dos playas preciosas.

 

La de Sonabia ofrece aún  naturaleza salvaje (es mixta). Las dunas surgen de la misma arena y remontan el monte Candina y en el cielo revolotean los buitres leonados: se trata de la única buitrera española frente al mar. Al otro lado del monte está la playa de San Julián, recóndita.

El monte Candina apasiona a los montañeros. Arriba te esperan los Ojos del Diablo, dos enormes piedras horadadas desde donde se divisa a los buitres que planean sobre la Ballena. Estas rutas están señalizadas pero se requiere cierta preparación. Los más entrenados pueden llegar hasta Laredo.

 

 

Llega Carlos V

Laredo tiene la playa más grande de Cantabria, La Salvé. Es una población muy urbanizada, pero se salva su casco antiguo, la Puebla Vieja, y el Arrabal, con la iglesia gótica de Santa María de la Asunción, que conserva el retablo de Belén, una joya flamenca. Hay, cómo no, buenos sitios para comer, como los merenderos y asadores del puerto, con rodajas (ruedas) de bonito. El calendario de fiestas también viene repleto: la Batalla de Flores, el último viernes de agosto, con carrozas engalanadas con dalias de colores. El 16 de agosto, San Roque, es el Día del Puerto y hay concurso y degustación de marmita. Y, a finales de septiembre, con el Desembarco de Carlos V la villa vuelve al año

 

 

 

 

Santoña, una villa activa y marinera

 

A Santoña se llega por la nueva carretera de los puentes, que se adentra por las marismas.

Y aunque ahora no es el mejor momento, puedes hacer una parada en el observatorio de aves La Arenilla para echar un vistazo: en verano se dejan ver algunas garzas reales, ánades reales y fochas. Pero el otoño es la época perfecta para comprobar la diversidad  de las aves migratorias que hacen aquí su parada camino de Doñana y el norte de África. Estás en un lugar privilegiado, la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Para recorrer las marismas puedes ponerte en contacto con Marocéano (Tlfno.- 686 45 79 71). Hacen travesías desde Limpias a Santoña (o al revés, según la marea) que duran unas 3 h (24 €), y otra más corta, hasta Colindres (21 €). Hay otras rutas interesantes, por mar, como la que bordea el monte Buciero (salen de la playa de San Martín), con unos acantilados cortados a cuchillo de casi 200 m. Te meterás en calas y cuevas a las que no se llega de otra manera (24 €), y no se necesita mucha preparación. La del monte Buciero es una de las rutas senderistas más fascinantes que guarda el Cantábrico. Marocéano propone una excursión que se combina con el esnorquel. Hay que bajar hasta el faro del Caballo, ponerse las gafas, el tubo y las aletas y dejar que el tiempo pase.

 

También puedes hacer la ruta de los faros por tu cuenta. De la playa de Berria, por detrás del penal del Dueso, arranca la carretera del faro del Pescador. Deja el coche y toma un sendero que desemboca, tras una hora de camino entre encinas, en el faro del Caballo. De aquí arranca una escalinata de 746 escalones tallados en la piedra. Si el mar está tranquilo, el baño junto a las rocas es todo un placer. Sin duda, las agujetas merecen la pena.

 

 

A la rica anchoa

Otro lugar donde bulle la actividad es en el Albergue Municipal de Santoña (Tlfno.- 942 66 20 08). Ofrecen clases de vela, kayak de mar, surf, paseos a caballo, rutas cuturales… Pero la más original es su ruta marinera. Suele hacerse los viernes: en el puerto verás descargar los barcos y entrarás en uno. Después se acude a la lonja, a la subasta, y a las fábricas de conservas donde, además, te enseñarán a preparar las famosas anchoas en salazón. Aprovecha para comprar aquí conservas: el bote de 90 g de anchoas en aceite cuesta 9,50 €, y 17,50 € el de 180 g. El bonito en aceite: 12,80 € por medio kilo. Por cierto, el 16 de agosto, San Roque, hay un concurso de Guiso Libre de Bonito. Y para probarlo enseguida, en  el puerto hay tres merenderos.

 

 

 

Por la zona del Alto Asón

 

Reserva una jornada  para hacer una escapada al interior, por la comarca del Alto Asón. Pero antes pide cita para visitar la cueva de Covalanas (Tlfno.- 942 64 65 04. 3 €), en Ramales de la Victoria. Imprescindible.

Toma la vía rápida que llega hasta Limpias. Aquí puedes hacer una breve parada para conocer el Cristo de la Agonía que, según cuenta la tradición, suda y llora. Más adelante, en Ampuero, está el santuario de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria. En verano hay recitales de órgano, muy apetecibles, dentro de la programación del Festival Internacional de Santander (www.festival-int-santander.org). Te adentrarás en el valle de Soba, camino de Ramales de la Victoria. Este es un punto clave para quienes busquen multiactividades, y sobre todo, información y rutas por la red de Cuevas del Asón (Tlfno.- 942 64 65 04). Esta es una de las zonas con más riqueza en cuevas de espeología del planeta, con más de cuatro mil.

 

También puedes hacer la ruta de los faros por tu cuenta. De la playa de Berria, por detrás del penal del Dueso, arranca la carretera del faro del Pescador. Deja el coche y toma un sendero que desemboca, tras una hora de camino entre encinas, en el faro del Caballo. De aquí arranca una escalinata de 746 escalones tallados en la piedra. Si el mar está tranquilo, el baño junto a las rocas es todo un placer. Sin duda, las agujetas merecen la pena.

 

 

La gran cascada

El río Asón y su afluente, el Gándara, se unen en Ramales de la Victoria para desembocar en la bahía de Santoña. Para ir en busca de las fuentes del Gándara pasarás por unos pueblecitos, pegados a la carretera, con una decena de casas el que más. Hay en Regules un museo etnográfico y la Posada Rural La Latría. En Veguilla está el Centro de Interpretación de la comarca de Soba. En Gándara, el mirador de la Reina no es apto para quienes tengan vértigo, pues son dos plataformas con suelo de rejilla a una altura considerable. De frente se divisa el nacimiento del río, pero también puedes acercarte hasta el origen mismo, en un entorno precioso. La carretera, estrecha y serpenteante, lleva hasta el Parque Natural de los Collados del Asón.

 

La esencia del interior cántabro más bello y desconocido por donde discurren rutas para montañeros. Pero si sólo buscas vistas impresionantes, aquí tienes una inigualable: la cascada que forma el Asón al nacer, con más de 50 m de caída sobre el cortado de roca caliza. La carretera continúa como un pespunte por el valle verdísimo. Hay una ruta fluvial un poco complicada de seguir, pero desde Asón sale otra más sencilla por la pradería de Cailagua.

 

 

 

 

Prados, Molinos y Campanas en Trasmiera

 

La comarca de Trasmiera es otra lección marismeña. Y es tierra también de campaneros. Desde hace poco cuenta con el Ecoparque de Trasmiera, en Arnuero, un conjunto de rutas y edificios para repasar la riqueza natural, histórica y artística de esta zona

 

En la base del monte Cincho te espera una agradable marcha por las marismas de Joyel. En el Molino de mareas de Santa Olaja (visitas guiadas: Tlfno.-  676 48 61 11. Precio: 3 €) se recrea la molienda del siglo XVII. El centro de Tradiciones Salvador Hedilla está en Castillo (Tlfno.-  942 63 79 15. Gratuito), y el observatorio del Arte de Trasmiera (Tlfno.- 942 677 096), en las antiguas escuelas,  organiza la visita guiada a la iglesia de la Asunción donde se enseña el retablo (5 €). Entrada conjunta: 6 €. Estos caminos que unen cada edificio están diseñados en pequeños anillos conectados entre sí, de forma que cada senderista puede configurarse su paseo a la carta, desde 3 a 20 kilómetros que pueden ir por playas, rías, acantilados, encinares, palacios, casonas o torres medievales. (Oficina de Turismo: Tlfno.-  942 63 79 15). En Castillo hay otro molino, el de Jado, a la entrada de la ría de Ancillo y con un museo etnográfico. Se puedes ver cómo funciona en directo en horario de marea, para lo cual hay que tener cita previa (Tlfno.-  647 08 25 26. Sarai) y se completa con un vídeo. Tras la visita es muy recomendable acercarse a alguna de las tabernas para probar las navajas o muergos, a la plancha, y también las almejas de la ría. Pídelas en La Traina, en Ancillos, y en El Volován, en Argoños.

 

Del prado a la playa

Para quienes estén buscando una zona para desconectar de verdad, Ribamontán al Mar es perfecta. Está inundada de prados, vaquerías, montes y arboreledas. En la plaza de Suesa, junto a la iglesia, está la Casona de Suesa (Tlfno.-  942 50 40 63 y 607 31 71 56. Desde 85 €, con desayuno e IVA). Una invitación irrechazable a la relajación total. Se trata de una casona del siglo XVII, restaurada con empeño y destreza, y rodeada de un gran jardín. ¿La mayor satisfacción de sus dueños? Escuchar de sus huéspedes que han dormido como nunca. Así de sencillo.

 

 

 

Desde Ajo al Puntal de Somo

 

Conviene que sigas al dedillo todos los consejos de Cristina y Chuco, los dueños de la Casona de Suesa, antes de salir a recorrer las playas de la zona. Para los que van con niños, la playa de Galizano es perfecta.

Al subir la marea se crea una poza grande y aquí los niños pueden bañarse sin peligro porque hacen pie. Desde el pueblo de Galizano sale otro camino hacia la playa de Arnillas. Es pequeña y de difícil acceso, pero una maravilla para estar en pareja. De vuelta a Galizano toma el camino que lleva a la cueva de Cucabrera. Sólo los paisanos conocen este mirador que se mete en una cueva y que sirve, en muchas ocasiones, para las celebraciones más variopintas. Cuando pases por Galizano vuelve a hacer caso de los consejos de los de Suesa y entra al bar El Cruce para probar sus famosas rabas (calamares) con un blanquito.

 

 

Por el Cabo de Ajo

Un poco más alejado, pero aquí se llega en un poco tiempo a todas partes, a la salida de Santoña, está la playa de Berria, con 2.200 m y rodeada de dunas. Es perfecta para largos paseos por la arena y jugar a las palas. Eso sí, con nordeste es imposible ni siquiera tomar el sol. La playa de Ajo es pequeña y los fines de semana se llena. Hay chiringuitos, tiene socorrista y parking. La playa de Isla forma un paisaje surrealista, plagada de islotes en bajamar. Noja es el pueblo fantasma: vacío en invierno y ahora lleno de veraneantes y los que se acercan a darse un baño o pasear por la amplia playa de Trengandín. Por el otro lado está la playa de Ris. Y hay una senda que las une: el Paseo por la Costa. Una de las playas más impactantes de la costa oriental es La Arena. El cabo de Ajo forma su lado más turístico (aquí verás unas casas que van a derruir). Pero su cara más bonita da a la ría de Castellanos o de Ajo, con preciosas dunas.

 

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Todo Ocio

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