Sexología-Parejas

¿Por qué perdemos el interés sexual?

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Escrito por Todo Ocio

¿Por qué perdemos el interés sexual?

 

 

Deseo: ¿Dónde estás?

 

Intento recordar cuándo fue la última vez que sentí mi cuerpo temblar, cuándo tuve escalofríos con el roce de nuestra piel, pero no puedo. ¿Cuándo, dónde perdí las ganas de…?, me pregunto. “¿Pero alguna vez me pediste que me quedase –responde la pasión–.

 

 

Búscame e iré”. Emprendemos la búsqueda.

 

Es fuente de salud, placer, afecto, intimidad, sensualidad y creatividad. Es una capacidad que nos sirve para sentirnos bien, así es la sexualidad; sin embargo, la frase “no tengo ganas” es una de las más escuchadas en las consultas de sexología. Cada vez más hombres y mujeres confiesan que han perdido el interés sexual. Un estudio realizado en España desvela que el 53 por ciento de las mujeres y el 20 por ciento de los hombres reconoce no estar satisfecho con su vida sexual. ¿Qué nos ocurre?

Francisca Molero, médico y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, explica: “No podemos decir que haya más falta de deseo. Antes y ahora, hay mujeres que no tenían ganas, pero tenían relaciones porque les tocaba. La diferencia es que ahora el problema también está en parejas jóvenes, sin problemas morales para tener relaciones sexuales. En estos casos se ha perdido el deseo porque se ha tenido poco, no se ha cuidado y han pasado por delante multitud de prioridades. Es como si supieran que tener sexo es importante, pero no le dedican tiempo, con lo cual el deseo se pierde”.

 

 

El placer es mío

 

La tradición judeocristiana no nos ha ayudado en absoluto en la búsqueda del placer sexual, tampoco se alían con nosotros el ritmo de vida, el estrés y las prisas; sin embargo, no podemos dejarnos llevar por “lo que nos ha tocado”, sino enfrentarnos a nuestra responsabilidad. La sexualidad es de cada uno y nadie nos la puede dar, pero sí tenemos mucho que compartir y que hacer.

 

 

Uno de los fallos que cometemos es pensar que el deseo surge de forma innata. Sin embargo, a hacer el amor se aprende y nunca se deja de aprender; así lo señala Francisco Cabello, médico, psicólogo y sexólogo, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología y presidente de honor de la Federación Española de Sociedades de Sexología: “Uno de los fines de la sexualidad es la reproducción, de ahí que de forma natural estemos predispuestos a tener relaciones sexuales, pero otro de los fines es el placer y aquí tiene mucho que ver el proceso educativo. Tienen mejores relaciones las personas que más se han interesado en el conocimiento de la sexualidad y han cultivado la experimentación”.

 

 

Otro gran error es creer que si hay amor, el sexo marchará estupendamente, pero no es así, alerta Miren Larrazábal, psicóloga, directora del Instituto Kaplan de Psicología y Sexología, de Madrid, y presidenta del IX Congreso Español de Sexología: “Con el amor no basta para tener una buena sexualidad. Mucha gente cree que no hay que aprender, que una parte es instintiva y la otra es amor; pero el deseo no aparece por arte de magia. Sólo funciona así al principio de una relación, pero pasados dos o tres años ya no hay el mismo deseo, disminuye la actividad sexual, cada vez se evita más y las pocas veces que se tienen relaciones salen mal porque hay muchas expectativas y carga de ansiedad. Cuando el deseo baja hay que incitarle, llamarle, provocarle”. Pero trabajar a diario no significa esfuerzo, sino seducir, compartir, jugar, recurrir a los cinco sentidos –cegados hoy por la razón–, entregarse y no olvidar, como decía Octavio Paz, que “en todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación”.

 

Son pautas fundamentales para luchar contra otro error, el de limitar la sexualidad a la penetración. No está mal, pero la sexualidad no es sólo eso, toda la piel es una gran zona erógena dispuesta a darnos placer.

 

 

Para disfrutar de ese potencial, invita Larrazábal, “lo primero es conocer bien nuestra sexualidad, sentirse bien con uno mismo y convencerse de que para gozar no hay que tener un cuerpo 10, esos son para mirar, no para gozar; también mantener una gran comunicación, decir lo que deseamos y adquirir habilidades para dar y darnos placer”.

 

 

Predispuestos para el goce.

 

 

Poco a poco vamos cambiando. La cifra de personas que busca ayuda profesional para tratar sus problemas sexuales se ha duplicado en la última década. Hoy se habla de sexo como no se ha hablado nunca y, aunque sigue siendo tabú, la forma de entender la sexualidad está cambiando. Como recuerda Cabello, “la salud sexual (término que no sólo se refiere a la ausencia de disfunciones sexuales, sino también a potenciar la capacidad de disfrute pleno) es un pilar básico de la salud general”. Ya en 1928, Gregorio Marañón decía que “hay que tomar la sexualidad en serio de una vez para integrarla en la vida, el amor y los valores”, porque la sexualidad está presente desde que nacemos hasta que morimos.

 

 

Sin duda, estamos dispuestos para disfrutar del placer. Hoy por hoy se sabe que el clítoris es el único órgano del cuerpo que sirve para el placer, ese mismo órgano que el médico persa del siglo X Avicena recomendaba extirpar por ser un elemento patológico. Tenemos derecho a disfrutar de la sexualidad, ¿por qué vivir huérfanos de ternura, de abrazos, de placer, de caricias, de pasión? ¿Por qué no disfrutar? “La sexualidad es un engranaje que abarca todo el cuerpo”, define Carmen López Sosa en Sexo y sólo sexo (Planeta). Quizá podamos vivir sin ella, pero eso no significa que no la necesitemos. Es hora de emprender viaje hacia el reencuentro con el deseo.

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