Sexología-Parejas

Anécdotas Sexo

Anécdotas Sexo
Escrito por Todo Ocio

Anécdotas Sexo  ¡que no me pase esto!

Top ten de situaciones embarazosas

 

 

Conoces al hombre de tu vida, se fija en ti, te invita a cenar, te propone ir a su casa y… tú le dices que no porque llevas unas bragas propias de Bridget Jones. Esperamos que nunca te ocurra lo que te vamos a contar.

¡Tierra trágame! Esto es lo que pensaron las protagonistas de las anécdotas sexuales que te contamos. Una lencería horrible, algo que “se escapa”, algo que se rompe, una compañía inesperada, un pequeño susto… Esperamos que nunca te ocurran estas cosas, pero si pasan, aguanta el tipo y ¡sonríe!

 

– No era lo que pensaba . “Lo acababa de dejar con mi chico y mis amigas me animaron para salir y emborrachar las penas. Me tomé unas cuantas copas de más y me entró una morriña horrible, necesitaba el calor de un hombre, así que me fui con el primero que me dijo cuatro cosas bonitas. Cuando me monté en el coche se me empezó a pasar la borrachera con el aire de la ventanilla y ¡casi me bajo en marcha al ver el esperpento con el que me había ido! Le dije que parase, que iba a vomitar y cogí el primer taxi que pasó sin despedirme siquiera”. Esto le pasó a Carmen, una periodista de 29 años.

 

– Ups, se me escapó. ¿Te acuerdas del episodio de Sexo en Nueva York en el que a Carrie se le escapa un pedo cuando está con Mr. Big en la cama? “A mí me pasó lo mismo”, dice Raquel, una directora de marketing de 31 años. “Llevaba tres meses detrás del hombre de mi vida, viéndonos en el gimnasio casi todos los días. Por fin me invita a salir. Me voy de compras, me paso tres horas en la peluquería, me depilo y me hago todo tipo de tratamientos de belleza para estar perfecta. La cena increíble, me pide que me vaya a su casa, pasamos la noche juntos y, por la mañana, cuando me abraza para despertarme, ¡se me escapa un pedo! A él le hizo gracia pero yo casi me muero allí mismo por la pérdida de glamour”.

 

– Se rompió la cama. “Conocí al que hoy es mi pareja el típico verano loco. Nos presentó una amiga y a las dos horas ya nos estábamos besando. Acabamos en su apartamento quitándonos la ropa y en plan sexo salvaje. Tan salvaje que me tiró a la cama, luego se tiró él y a los dos segundos aparecimos por el suelo porque se habían roto las patas de alante”. Por suerte María, que tiene 36 años y es enfermera, se lo tomó con tanto sentido del humor como él.

 

– ¡Dios, la lechuga! A Laura, una empresaria de 34 años, la invitó a salir un hombre que estaba loco por ella. “Me llevó a un sitio increíble a cenar, no paramos de hablar en toda la noche, nos besamos como si fuera la primera vez, hicimos el amor varias veces en mi casa y, cuando fui al baño por la mañana, descubrí que tenía un enorme trozo de lechuga entre los dientes. Casi me muero imaginándome en todas esas situaciones, sonriendo y hablando tan segura de mí misma con eso ahí. Me enfadé muchísimo con él por no habérmelo dicho”.

 

– Maldito laxante . “Siempre he tenido problemas de estreñimiento, así que probé un laxante en infusión que me recomendó una amiga. Con tan mala suerte que justo el chico con el que estaba saliendo me invita a pasar la noche a una casa rural. No pudimos hacer nada de nada porque me la pasé entera yendo al baño”. María, una diseñadora gráfica de 37 años, nos dice que desde entonces se aguanta con su estreñimiento.

 

– Y yo con estos pelos. “Pues sí, me pasó lo que todas tememos, que nos pillen sin depilar. Pero enterita además”, dice Silvia, una abogada de 32 años. “Llevaba varios meses tonteando con alguien de mi trabajo pero nunca pasaba nada, así que, como no tenía pareja, pues ni me preocupaba de los pelos. Un día alargamos las cañas más de la cuenta, nos dijimos algunas cosas y acabamos en su casa. No le dejé encender ninguna luz y no puede llegar al orgasmo del agobio que tenía cada vez que me pasaba la mano por las piernas o las ingles. Tenía pelos hasta en las axilas. Ya no estamos juntos pero desde entonces me estoy haciendo la depilación láser en todo el cuerpo.”

 

– Qué calcetines. “Reconozco que siempre he sido un poquito selectiva respecto a la forma de vestir de los hombres”, dice Noelia, una comercial de 39 años. “Si no me gusta cómo viste un hombre no me suelo fijar en él. En un viaje de trabajo conocí a alguien muy interesante que siempre iba de traje. Por fin quedamos fuera del trabajo y, cuando le vi aparecer, casi salgo corriendo: camisa abierta, cadena, vaqueros desgastados, zapatos de punta… Aún así, decidí dejar a un lado mis prejuicios y seguir adelante, pero cuando por fin estábamos en su casa y empezó a quitarse la ropa, tuve que decirle que me encontraba mal y me iba: tenía agujeros en los calcetines y llevaba unos calzoncillos rojos ajustados y horrorosos.”

 

– ¿Qué lleva el perro en la boca? La historia que nos cuenta Sonia, una azafata de 26 años, supera la ficción. “Me fui a casa con un chico que me encantaba. Él estaba un poco nervioso y me confesó que yo le gustaba mucho y no quería defraudarme. Le tranquilicé diciéndole que no se preocupara, que yo también estaba nerviosa, que estaba segura de que lo iba a hacer genial, que seguro que tenía muchas cosas que enseñarme… Estábamos en el sofá del salón cuando de repente entró mi perrita muy contenta con una cosa en la boca… ¡mi vibrador! Yo casi me muero de vergüenza y él no fue capaz ni de tener una erección”.

 

– Nos pillaron ‘in fraganti’. “Yo trabajaba en una productora pequeña” -nos cuenta Elena, de 41 años-. “Como tenía las llaves, de vez en cuando me iba allí con mi novio porque nos daba morbo lo de hacerlo en el trabajo. Habíamos cogido tanta costumbre que incluso íbamos desnudos: era una chalet y había cocina, nevera… Estábamos tal cual, comiéndonos unos donuts en la cocina, cuando oímos un ruido y aparece delante de nosotros la señora de la limpieza, que había decidido ir por la noche porque le había salido otro trabajo por las tardes. No sé quién pasó más vergüenza, si ella o nosotros…”.

 

– Era muy pequeña. “Yo creo que es de las cosas más cortantes que me han pasado en la cama”, dice Esperanza, una profesora de 33 años”. “Empecé a salir con un compañero de trabajo que me gustaba mucho. Íbamos despacio: cenas, cine, besos y poco más. ¡Hasta que por fin llega el esperado día! Lo preparo todo en mi casa, me compro lencería nueva, pongo música, empezamos a besarnos, la cosa sube de tono y, cuando vamos a culminar, ¡me encuentro con el pene más pequeño que he visto en mi vida! No sabía cómo comportarte para no herir sus sentimientos, pero se me bajo la libido a los pies. Seguí como pude, no sentí nada de nada aunque él pareció disfrutar, y al día siguiente le dije que no estaba preparada para una relación. En realidad no estaba preparada para tener sexo con un pene así”.

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Todo Ocio

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