Cultura

Amor de verano segunda parte

Amor de verano segunda parte
Escrito por Todo Ocio

Amor de verano segunda parte

 

El comienzo de las promesas

 

Relato corto por Elias Gomez Perez

 

Tengo pegados los adjetivos y nuestros verbos

Y ya no te hablo con las palabras que siempre nos han servido

[Esas me las guardo yo]

Por regalarme los ecos de tu corazón

y sorprenderme en medio de la vida

Has marcado la luz precisa

con toda lógica y poca coherencia

Y persiste la pasión mezclada con ganas secretas

que de tan real, a veces lastima.

Son tantas las contradicciones y tantas las razones… Como el alma que se mantiene caminando en la tormenta

que de tan real, a veces sonríe

Porque no soy yo, sino la imagen que conservo en mi retina.

La sonrisa cuando pierdo jugando a la escondida

El escalofrío que me provoca saber que estás a mi lado

Este no saber explicar, ni quererlo entender

Este sublime pacto de corazón a corazón

Es tu sombra y tu ausencia que bailan en mis sábanas

Es tu reflejo y tu presencia que se acurrucan en mi cuello.

Son los pocos días, esos minutos y sus miles de segundos.

Eres sencillamente tú, pero en mis brazos.

Este, este es tu lugar.

Gracias, entre otras cosas.

 

 

Hay cosas que me sobrepasan, como ese torrente de agua fría que en ocasiones se deja caer sobre mí. Existen tardes en que veo claramente como se desfibran los hilos y el autocontrol se desdibuja. Las burbujas comienzan a pincharse y el techo inicia su caída en pedazos. Existen microsegundos en que nuestros masoquismos chocan provocando una explosión de rocas que duelen y cenizas que queman, y ni siquiera entonces nos apartamos, esperamos a empaparnos completamente hasta que alguno decida ceder.

 

Frágil me detengo, contando en silencio para no llorar. Dicen que en las noches de llanto, algo se quiebra. Hoy quisiera acurrucar mi cabeza en su hombro, así con vergüenza. Y en verdad duele más nuestra distancia provocada que nuestro propio rencor. Y vuelvo a él con una embriagadora tristeza y el humo en los ojos. Callada, con pena en los poros. Con un perdón por decir que ni yo soy capaz de aceptar. No cambio, eso es claro.

 

Así amaneció en mi almohada hoy. Conciente que no estamos a la altura de los hechos. Con esta botella de vino en la mano me presento, talvez las copas sepan señalar alguna forma. Aunque bien sé que ayer desacomodé los sentidos, sangré en alguna pared, y te herí con este montón de espadas que se me pegaron al cuerpo sin darme cuenta. Acaso un día lograré quitármelas de encima, para no seguir estropeándolo todo. Me decepciono así. Perdí un espacio, bien lo se. Más no cedo el asiento en la espera. Me duele más tu dolor que el mío propio. Y no tengo excusas, solo una bandera blanca y a mi lado una silla.

 

 

A dónde se va el amor cuando intenta evaporarse?

En qué estación se entierran las luces?

 

Las imágenes se filtran por las ventanas indicando las horas en que los instantes se escapan… Creemos en esta nube de esperanzas anhelantes y de impotencias que se abren en un solo pliegue. Y de repente la sequedad habitual suena en nuestras manos, pintando el cielo de gris, despacio… muy despacio… Incluso la brisa posee una densidad extraña. Hemos vivido en una isla tanto tiempo flotando sobre el mar, que cada tanto nos volvemos a escapar.

 

Me balanceo hacia atrás y hacia adelante, culpándome un poco por ser tan cuerda y no poder armar el rompecabezas. ¿A dónde se fueron las piezas? ¿En qué estación me esperan? ¿Volveremos a cruzarnos en aquella esquina?

 

Abro mis oídos para escuchar los pasos, sin conseguirlo… Hay demasiadas respiraciones pesadas y palabras proferidas en pleno sueño como para distinguir y aislar un solo sonido. No es que quiera desechar los recuerdos… pero algunos se me escapan. No soy yo… se me escapan!

 

Ya no recuerdo como lucen tus dedos sobre mis labios, y he olvidado si te gusta más lo dulce o lo salado. Pero aún tengo muy presente el color de tus ojos…y algunas veces me duermo con aquel tarareo. Y aunque el sur se pinte lejano, seguimos acariciando las olas y dibujando minutos en la arena.

 

Abro la puerta dejando que entre el sol. Y yo creo…creo cada mañana, aunque ya no crea en nada. A pesar de, y quizás un poco porque se me escapa Agosto… A donde irás Agosto…?

Tengo miedo de esta sequedad.

Y bien sé que hay cosas contra las que no puedo….

 

Siempre que estuve triste me fui o me mandaron de viaje, como si la autopista me purificara…

 

– Vamos? Nos haría bien a todas.

– No creo, no creo.

– Haríamos lo mismo que aquí, pero estaremos en otro lugar.

– Bueno, eso es cierto.

– Mínimo algo nos va a salir bien, pero si no es así no tendríamos de que hablar después, ¡venga vamos!

 

 

Un puñado de mar, eso es lo que somos. Un capricho del cielo blanco en brisas de cristal. Quizás una estrella fugaz o tan solo una gota de luz. Un grano de memoria o un gran arenal.

 

Suspiros del día en que podamos comprobar que la vida se despedaza y se compone tras el acorde del violín, la tuba, el piano, o los tambores que tocamos. Que las riquezas están en la asignatura pendiente. Y que esperamos en vano el milagro del cielo… Porque solo es cuestión de reír de esta broma de Dios. Y aceptarnos dignos del milagro que tenemos ya entre las manos.

 

Entonces… ese día abriremos los brazos. Así sin más ni más. Sin razones que destellen más anhelos. Ya sin recelar de nuestra sombra.

 

Entonces… Seremos capaces de acercarnos al piano, a la rosa blanca sobre el violín, a las paredes de cristal, a las ventanas corredizas… y a la enorme terraza. Seremos capaces de recorrer las escaleras, la habitación del tiempo, la biblioteca y hasta la cocina. Seremos capaces de, finalmente, llegar al verde jardín lleno de girasoles.

 

Nos tiraremos ahí… con las pupilas claras, con las manos sin temblor

sin palabras

sin tomarle el pulso a la vida

sin pulverizarnos los ojos

sin robar más nubes

sin colores ingenuos

ni universos paralelos

solo con nosotros…Así, sin más.

Y es que..¿qué mejor que nosotros?

Nosotros que no somos nada y lo somos todo.

 

Tantas veces estuve de viaje, y a veces me hago más presente que nunca.

 

Explorando flashes que le den color a los grises, caminando en vidrios rotos, cruzando puentes invisibles que alguna vez sucumbieron. Y soy presa de la libertad de mis palabras, buscando el universo que dibujaré un día en mi espalda. Tan cálida, tan azul, tan claroscura, tan Junio. Paz en escalera de caracol.

 

Rústica la piel y las cuerdas que atraviesan caminos privados. Obélisco en cada trazo que escapa de la luna… intentando ser estrella.

La perfección más macabra de nuestros caminos. Qué difícil la estadía. Qué caras las sonrisas, la malta y el café, las lágrimas, la fragilidad.

 

Qué desaparición ésta, en carreteras a toda velocidad. Intromisión en las copas, y en los balcones. -Una negación afirmación pregunta. – “Y está bien ser así, tan dispersa, tan alfa y a la vez, tan omega”.

 

Es un tacto especial, dibujar caminos entre líneas borrosas. Un deseo tóxico que no se conforma. Reír y empañar los ojos.

 

Y sé que hay formas de decir las cosas que no digo, pero me doy la vuelta y saco la lengua. Mi tendencia a mostrarme por partes , y mi habitual manía olvidada –the runaway part-. Los muros y escalones, los vidrios y las cortinas, el telón y las burbujas. Guiñar un ojo, y acto seguido correr.

 

Ya sin alas, las entregué hace unos meses,

sin anclas, es que decidí tirarlas en algún comienzo,

solo raíces… en mis venas, en los huesos y dedos.

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Todo Ocio

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