Psicología

La infidelidad

La infidelidad
Escrito por Todo Ocio

La infidelidad

La carne es débil y eso se plasma a cien leguas en la sociedad actual, pero… ¿quién engaña más?, ¿por qué se engaña?, ¿para que?, ¿quién es realmente la víctima?, ¿qué hacer tras una infidelidad?

 

Todos estos puntos han sido analizados por los más sesudos analistas de pareja, pero la infidelidad no es de hace cuatro días. En Roma y Europa, en la Edad Media, era incluso tolerada. Pero algo que nos ha de quedar bien claro es que no es cosa de la pareja, sino de uno mismo y sobre todo se puede salir del bache.

 

Si hablamos de infidelidad lo más correcto es definir qué es la fidelidad. La fidelidad es compromiso de lealtad sentimental y sexual contraído en la pareja. Tanto si se le da una importancia excesiva, se caerá en los celos, como si no se le da ninguna puede ser una gran fuente de problemas para la pareja. Pues bien, infidelidad es precisamente lo contrario, romper ese lazo sentimental y sexual que existe entre dos personas.

 

La infidelidad a lo largo de la historia ha sido un precepto muy cambiante. En Grecia y Roma estaba bien vista socialmente y no digamos en la Edad Media europea donde, a finales del siglo XI y los últimos años del siglo XIII, se introdujo el amor cortés, que defendía la base de que el matrimonio era un contrato civil, un puro trámite, fuera de él se podían tener amantes a los que se amaba realmente, esto no suponía infidelidad para el matrimonio y ésta era más fuerte incluso entre amantes que entre marido y mujer. Un hombre, por lo general un caballero, enamorado de una mujer casada de igual o a veces más elevada alcurnia, tenía que demostrar su devoción mediante gestas heroicas y escritos amorosos, presentados de forma anónima a su amada. El amor cortés era una forma de adulterio aprobado, pero la infidelidad entre los amantes era considerada más pecaminosa que el adulterio de esta relación extramatrimonial.

 

Por lo tanto, aunque el amor existiera fuera del matrimonio, tanto antes como ahora, la infidelidad, entre dos personas que se aman realmente, está mal vista y mal soportada.

 

La infidelidad ha sido un concepto que se ha plasmado a lo largo de los siglos en muchos escritos. Uno de los más conocidos es “Las mil y una noches”. Relato en el que la trama se inicia cuando el sultán Schahriar se entera de la infidelidad de su esposa y ordena su ejecución. Para no sufrir semejante afrenta decide que se casará cada tarde con una mujer y la matará al amanecer del día siguiente. El decreto empieza a cumplirse por lo que cada vez hay menos voluntarias a convertirse en reinas por un día. Así le llega el turno a Scheherazade, que accede a casarse con Schariar, pero traza un plan para evitar su muerte.

 

En la noche de bodas, mientras se encuentra en su cámara nupcial, relata una historia a su hermana, que le hace compañía, de forma que cuando el sultán llegue pueda escucharla. En efecto al acercarse oye la historia y queda atrapado por la trama, pero la reina interrumpe la narración antes de acabarla. El sultán decide perdonar su vida un día más para así escuchar el final al día siguiente. Con este esquema, ella continúa noche tras noche hasta que, después de 1.001 noches, el sultán cede e indulta a la joven, que desde entonces se convierte en una esposa feliz.

 

 

 

 

¿Por qué se hace?

 

En la actualidad la infidelidad es la causante de rupturas, separaciones y divorcios. Es tan frecuente como dolorosa porque además de romper el corazón, ataca la autoestima destruye la confianza y hace aflorar los sentimientos más negativos. Desde ambos lados de la pareja la infidelidad se ve diferente. Sobre todo las mujeres tienden a creer que si estás enamorado no te interesan los devaneos.

 

Sin embargo, las encuestas demuestran que muchos hombres que quieren a sus mujeres nunca rechazarían una oportunidad de sexo fuera del matrimonio. De hecho el 56% de los hombres que han tenido experiencias sexuales extramatrimoniales aseguran que en sus matrimonios son completamente felices, cifra que contrasta con el escaso 34% de las mujeres. Ellas creen que si un hombre tiene una aventura es porque su matrimonio va fatal.

 

Otro de los tópicos entorno a la infidelidad es pensar que una vida sexual satisfactoria es un seguro antiengaño. Pero hay quienes son mucho más pasionales en casa que fuera de ella. Shirley Glass, la norteamericana experta en problemas de pareja, no cuenta que “un hombre me explicó que cuando dejaba a su amante y volvía a casa, deseaba a su mujer como nunca”. La mayoría de hombres que son infieles aseguran que no se sienten involucrados emocionalmente. Por el contrario son la minoría de las mujeres las que aseguran tal cosa. Existen por tanto grandes diferencias. Los infieles casados hace mucho tiempo suelen tener un alto concepto de su matrimonio, les parece satisfactorio. Las infieles, sin embargo, echan pestes de su unión oficial.

 

La infidelidad es, en sí, un sentimiento relacionado con la posesión. Los hombres se sienten más traicionados si sus mujeres se van a la cama con otros. Ellas, sin embargo llevan peor que sus maridos se enamoren de otras. La infidelidad hiere tanto porque acaba con el sentimiento de seguridad y confianza que se encuentra en una pareja. Todo lo que creías conocer de tu pareja empieza a esfumarse y empiezas a ser recelosa y a desconfiar de cualquier argumento que él esgrime.

 

Según la doctora Glass, para que exista infidelidad se deben dar tres condiciones: secreto, intimidad emocional y química sexual. De acuerdo con este argumento quién simplemente tiene un devaneo no se puede considerar un traidor. Pero lo malo es que se ha producido una traición y que no se va a solucionar tan rápidamente el restablecimiento de la confianza. Será o no más engaño, pero el daño está ahí.

 

Las diferencias existen incluso en las razones por las que se engaña dependiendo si se es hombre o mujer.

 

En el hombre un affaire halaga la vanidad e introduce un plus de emoción en la vida conyugal del infiel. “Muchos hombres unidos a mujeres muy competentes tienen devaneos con otras mucho más sencillas: así se sienten más fuertes y necesitados” argumenta la Dra. Glass. Cuando una mujer no es feliz se lo hace saber a su pareja. Él puede que lo interprete como una crítica. Si entonces conoce a una mujer que le dice lo maravilloso que es, entonces se volcará en ella.

 

Cuando las mujeres se cansan de engaños, empieza a pasar de su compañero y empieza a estar emocionalmente preparada para interesarse por otro. La pareja lo empieza a comprender cuando ella se muestra cada vez más reacia al sexo. Pero quizás ya es demasiado tarde. En definitiva, para las mujeres un affaire suele ser el resultado de una larga relación insatisfactoria. Aunque no todas las parejas con problemas de comunicación tienen una aventura, para las mujeres la principal justificación de una infidelidad es el amor, y la última el sexo. Justamente lo contrario que para ellos.

 

 

 

 

¿Quiénes son los candidatos?

 

Normalmente la gente busca lo contrario de lo que tiene en casa. O bien a alguien muy parecido pero en versión joven- muy habitual entre ellos. Cuando las mujeres engañan, suelen elegir a hombres con los que tienen afinidades o son muy poco parecidos a sus maridos. La que se casa con un hombre serio y trabajador puede verle aburrido en algunos aspectos y sentir interés por otro más frívolo e incluso un tanto crápula. Quien careció de afecto en la infancia suele unirse a alguien que le trasmita seguridad y estabilidad. Y acaba disociando seguridad y tranquilidad de atracción sexual y vivencias excitantes. Muchos infieles son víctimas de un triángulo sin salida. Por un lado está el cónyuge que da sentido y seguridad a la familia, y por otro la aventura apasionante.

 

¿Qué hacer después?

 

La primera infidelidad es como la pérdida de la inocencia y deja cicatrices difíciles de curar: puede que la relación nunca vuelva a ser la de antes.

 

Pero no siempre puede ser algo negativo. A veces el desliz o la aventura da pie para construir una relación más sincera. Para ello el “arrepentido” debe evitar cualquier contacto con el amante y adelantarse a responder todas las preguntas que le haga su pareja. En vez de dejar el tema sin hablarlo, hay que sacarlo a relucir para recuperar la intimidad emocional. Ambos estarán curados cuando puedan incluso bromear sobre ello: ya lo han asimilado y se sienten a gusto.

 

El temor de muchas personas es el de perdonar y luego que se vuelva a repetir la situación. Algunas personas son flirteadoras por naturaleza y necesitan continuos devaneos. A veces deciden terminar con la historia cuando se dan cuenta de que su unión vale mucho más. Incluso aunque no den importancia a sus constantes flirteos, si ven el dolor que causan pueden cambiar.

 

Pero hay donjuanes impenitentes que se buscan excusas: “mi mujer no me comprende”, por ejemplo. Sin embargo son ellos los que no se dan lo suficiente. Para que una relación vaya bien debe haber una correspondencia entre lo que ofrece y lo que recibe cada uno. Es como una hoguera: se hace crecer o se deja extinguir.

 

Un dato importante es que solo el 10% de las personas que dejaron a sus parejas por otras continúa indefinidamente con ellas. Cuando se acaba el embrujo de lo prohibido y se instala la rutina, se suelen reproducir los mismos roces que se tenían.

 

En el libro de E. Sue Stern “La mujer defraudada”, se aconseja dar una serie de pasos después de haber sido víctima de una infidelidad. Lo primero que hay que hacer es ser honesto con nosotros mismos. Fingir que todo sigue igual y que no estás disgustada es perjudicial para ti y para tu relación.

 

Una de las consecuencias de haber padecido una infidelidad es la de que tu tienes la última palabra. En tu mano está intentarlo de nuevo o continuar. El hecho de tomar esta sensación te dará una sensación de poder beneficiosa. Otro de los consejos es buscar ayuda, buscar un hombro para apoyarnos. Los amigos y los familiares sabrán apoyarte.

 

Aunque hayas sufrido una infidelidad no has de transformarlo radicalmente en algo positivo y si puedes aprovecharlo para reflexionar sobre tú relación y mejorarla. Una salida, si ésta es tu decisión, puede ser perdonar, tratando de confiar de nuevo en tu pareja. Haz el esfuerzo sin prisas. Sobre todo tómate el tiempo que quieras, tu pareja ha de entenderlo. Es un tópico, pero el paso de los días agota la ofensa.

 

El último consejo por parte de la autora es que si lo has decidido ya, has dado el paso más difícil. Empieza a pensar que puedes sobrevivir sin compañía. Será doloroso pero poco a poco lo superarás.

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Todo Ocio

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